
Como toda masa ignorante que se jacta de ello, fue necesario desde siempre, entre otras cosas, que la gente no pensante se aferrara al culto. A veces los dioses, a veces los amuletos, a veces las maldiciones. Los idiotas nos castigaron con su marginación.
Podremos pensar que bienvenido sea estar al margen de la ignorancia, pero mal que nos pese tenemos la materia enclavada en la esfera terrestre, y no queda otra que ser el último de la fila en la hora en que nuestras necesidades de ser humano se presentan a urgencia.
El grito sobreescrito y trillado del que quiere ser paria y no lo logra, porque sus dichos nunca van radicalmente en contra de lo establecido, es el único "intento de diferencia" que se deja oír. Porque hasta las rebarbas del discurso, mis queridos, están absolutamente planificadas y dictatorialmente manipuladas.
Podemos abrigarnos en la bandera del nosotros, pero los idiotas son los dueños de los medios de comunicación.
Todo "transgresor" que asome la cabeza a la pantalla, no es más que parte del ornamento histriónico de la masa. De otra manera, cualquier intento de sobresalir no llevando el código de barras en la frente sería decapitado a la primera intención.
Así estamos, vagando en las sombras, condenados bíblicamente a desollarnos las plantas antes de hacer eco de nuestra voz.
Pero ya nos llegará la hora...
...ya nos llegará.







